Déjame contarte un secreto… 3 Ago 2026

Para la mayoría de los arquitectos, el centro de datos es una industria fantasma. Se percibe como una fortaleza impenetrable de pura ingeniería, una mancha indeseada en el paisaje o, simplemente, una caja gris, sin ventanas y carente de interés.

Como profesionales emergentes del diseño, muchos recién graduados en arquitectura aspiran a dejar su huella diseñando rascacielos residenciales, centros culturales o pabellones comunitarios. Rara vez piensan en los centros de datos, y mucho menos en incluirlos en sus mesas de dibujo. Nos enseñan a diseñar a escala humana, priorizando la luz y la integración. Entonces, ¿cómo damos el salto a diseñar para servidores y sistemas de refrigeración?

La barrera no es simplemente la falta de interés; es una desconexión impulsada por un fuerte hermetismo técnico y una cultura de secretismo.

El 11 de junio asistí a la conferencia GeN+1 Elevate en Londres, un evento del sector dedicado a apoyar, desarrollar y dar la bienvenida a la próxima generación de profesionales de la industria de los centros de datos.

A lo largo de los distintos paneles, hubo un mensaje que destacó por encima de todos: la industria necesita urgentemente talento cualificado. Para alguien con formación en arquitectura, entrar en este ámbito puede parecer intimidante. En comparación con los sectores tradicionales, la base de conocimientos técnicos que se requiere es enorme. Sin embargo, la conferencia desmontó uno de los mayores conceptos erróneos sobre esta industria: no es necesario tener experiencia en TI para diseñar, invertir o desarrollar una carrera profesional de éxito en el sector de los centros de datos. A diferencia de otros sectores, donde las metodologías de diseño pueden estancarse o resultar relativamente predecibles, los centros de datos exigen un aprendizaje continuo.

La tecnología evoluciona a una velocidad vertiginosa, impulsada por el crecimiento de la inteligencia artificial y la computación en la nube. Esto significa que todos en la sala, desde los becarios hasta los profesionales más experimentados, están aprendiendo y adaptándose constantemente.

Pero entonces, ¿por qué sigue siendo tan difícil para los jóvenes arquitectos abrirse camino en este sector? La respuesta está en la obsesión de la industria por el anonimato. Durante el panel «Legends», en el que participaron profesionales con una amplia trayectoria, la conversación giró en torno a la percepción pública del sector. Como arquitectos, estamos muy familiarizados con los acuerdos de confidencialidad (NDA) y la protección de la información de los clientes, pero la industria de los centros de datos lleva esta práctica al extremo. En muchos casos, el público sabe perfectamente quién es el propietario de un gran desarrollo y cuál es su función. Sin embargo, los arquitectos que lo diseñaron están legalmente impedidos de hablar sobre sus innovaciones, compartir casos de estudio o dar a conocer su trabajo.

Si no podemos ver ese trabajo, ¿cómo podemos esperar que los jóvenes profesionales aspiren a crearlo? Esta falta de visibilidad dificulta presentar el sector como una opción profesional atractiva. La buena noticia es que los hyperscalers empiezan a comprender que, si quieren contar con una fuerza laboral preparada para el futuro, deben empezar a desmitificar la nube desde hoy.

Fue alentador escuchar cómo las empresas están apostando cada vez más por la divulgación pública, llegando incluso a colaborar con escuelas primarias y secundarias para enseñar a los niños qué es la infraestructura de datos, cómo funciona la inteligencia artificial y dónde «viven» realmente sus vidas digitales.

Además, el RIBA, junto con el DSIT, ha lanzado el «Data Centre Design Challenge», un concurso que busca ofrecer a los diseñadores la oportunidad de alejarse de los tradicionales edificios tipo almacén y desarrollar propuestas con una mayor calidad arquitectónica y estética. El objetivo es replantear los centros de datos como una infraestructura nacional crítica que aporte un verdadero valor cívico y genere orgullo en las comunidades.

Con suerte, esta iniciativa permitirá a los arquitectos aportar un enfoque centrado en las personas, capacidad para resolver problemas complejos, sensibilidad estética y experiencia en planificación urbana; precisamente las habilidades que este sector necesita para superar la resistencia del público y diseñar un futuro más sostenible.

Si la industria de los centros de datos realmente quiere impulsar a la próxima generación de talento, debe abrir sus puertas, flexibilizar los acuerdos de confidencialidad lo suficiente como para permitir que la innovación en diseño salga a la luz e invitar a los arquitectos a formar parte de la conversación. Al fin y al cabo, no estamos diseñando simples cajas para albergar servidores; estamos diseñando la infraestructura física del futuro.


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